Gales de leyenda

La imagen de una playa de arena blanca bañada por aguas cristalinas es quizá la más inesperada que un visitante primerizo puede llevarse del país de Gales, asociado tradicionalmente a su paisaje de verdes valles o la merecida etiqueta de «tierra de castillos». Más desconocido es su generoso litoral ribeteado de bahías, playas y acantilados de formas caprichosas que tiene en el sur uno de los tramos más espectaculares.

Su recorrido de este a oeste, desde la moderna capital de Cardiff hasta el legado medieval de la pequeña ciudad de Saint Davids, no es largo en kilómetros aunque sí denso en la sucesión de parajes naturales que invitan al ocio al aire libre y a descubrir un rico patrimonio de vestigios históricos.

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Una Capital Que Mira Al Mar

La presencia del mar es indisociable del pasado y el presente de Cardiff, una ciudad que hasta entrado el siglo xx despuntaba como el principal exportador de carbón del mundo, procedente de los valles del norte, y que en la era postindustrial ha reinventado el antiguo puerto como un centro de ocio y cultura. Capital de hechuras pequeñas –tiene 346.000 habitantes–, es fácil conocerla en uno o dos días, adentrándose a pie o en bicicleta de alquiler desde la boca de la bahía que, gracias a la construcción de un dique, se parece hoy a un agradable lago.

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Aquí sobresale la silueta cincelada en acero, pizarra y madera del Centro del Milenio, un espacio dedicado a las artes donde la Ópera Nacional recoge la reputación de una nación de grandes voces. Pocos metros más allá se erige el Parlamento, que en 1997 estrenó los nuevos poderes autonómicos de Gales. Diseño del británico Richard Rogers, sus bóvedas cubiertas de madera de cedro recuerdan inevitablemente a las que el mismo arquitecto proyectó para la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid.

La Musical Lengua Galesa

Parte integrante del Reino Unido, junto a Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte, Gales es una nación de raíces celtas y lengua propia que recibe a los foráneos con el caluroso «Groeso i Gymru», que significa «Bienvenidos a Gales». La cadencia cantarina de las conversaciones, ya sea en galés o en inglés (ambos, idiomas oficiales), nos acompaña durante un paseo por el centro de Cardiff, atravesando la arteria comercial de Queen Street y los cafés de las animadas galerías comerciales Victorian Arcades antes de recalar en el imprescindible Castillo de Cardiff.

La imponente edificación evoca dos milenios de la historia de la ciudad, desde su origen romano –hay vestigios en sus muros– sobre el que los normandos erigieron la fortaleza en el siglo xi, hasta su reconstrucción por un magnate del carbón, el tercer marqués de Bute, hacia 1868. De la mano de un guía se pueden curiosear las extravagantes estancias, donde el gótico victoriano se mezcla con motivos medievales en el castillo más atípico de los 650 diseminados por territorio galés.

La vecina población de Caerphilly exhibe la fortaleza más grande del país de Gales y la segunda en dimensiones del Reino Unido. El de Caerphilly es un castillo de cuento de hadas o monstruos, de forma concéntrica y rodeado de lagos artificiales, muy reclamado como escenario en producciones de cine y televisión. Construido en el siglo xiii por el barón inglés de ascendencia normanda Gilbert de Clare, fue restaurado 600 años más tarde con la fortuna del citado marqués de Bute. Tras visitarlo vale la pena degustar el famoso queso blanco de Caerphilly, ingrediente imprescindible de la cocina galesa junto al puerro y el cordero.

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Otra escapada desde Cardiff hacia el interior nos descubrirá el que se considera el castillo más romántico de Gales: Carreg Cennen, del siglo XII. Sus ruinas aupadas en lo alto de un promontorio se avistan en la cara oeste del Parque Nacional de Brecon Beacons, al que se accede desde Cardiff en menos de dos horas por carretera. Centenares de caminos estrían este territorio de 1.345 km2, dividido en cuatro regiones que definen sendas cadenas montañosas por las que se extiende una variedad de bosques, valles, lagos, altiplanos tapizados de hierba y brezo, ríos que caen en cascadas y un laberinto de cuevas. Esta frondosa reserva es un respiro de naturaleza que, según las ganas y la resistencia física, tanto invita a tranquilos paseos como a largas caminatas que encadenen montes y valles, intensas rutas en bicicleta o incluso exigentes escaladas.

El Camino De La Costa

Sea cual sea la actividad que se realice en Brecon Beacons, el día seguramente acabará frente a un plato de trucha salvaje (sewin), el pescado más abundante. La variedad aumenta al regresar a la costa y tomar rumbo hacia Saint Davids. A partir de entonces son los berberechos y los mejillones los que dominan los menús en las playas de Dunraven Bay y en la verde y acantilada península de Gower. La entrada de la península es la ciudad de Swansea, cuna del poeta y dramaturgo Dylan Thomas (1914-1953) y base de navegantes y de nadadores que desafían la temperatura del agua. Aquí también recalan excursionistas que recorren uno de los trechos más bonitos del Wales Coast Path, sendero inaugurado en 2012 que enlaza todo el litoral galés a lo largo de 1.400 kilómetros. Los acantilados, playas y bahías que perfilan la península de Gower, meca del surf, dan paso a restos prehistóricos cuando se toma rumbo hacia el interior.

Destaca una sepultura neolítica rematada por una roca de cuarzo que recibe el nombre de Piedra de Arturo y que la leyenda atribuye a ese rey de referencias literarias pero incierta existencia. Conduciendo rumbo hacia el oeste, a poco más de una hora, se llega a la ciudad amurallada de Tenby, famosa por las playas de la bahía de Carmathen además de por sus calles medievales, flanqueadas de tiendas de recuerdos, heladerías y pubs. La misma animación veraniega se respira en el puerto de Solva, asomado a la bahía de Saint Brides, y en Saint Davids, considerada la ciudad más pequeña del territorio británico pues en ella solo viven 1.600 habitantes.

Saint Davids se encuentra enclavada en la punta de la península homónima y separada por apenas otra hora en coche desde Tenby. Durante 1.500 años fue un foco de peregrinación por ser el lugar donde nació y murió el cruzado del siglo vi que le acabó dando nombre. Hoy atrae tanto por su catedral (siglo XII), que guarda los restos del santo, como por los escenarios marinos que la enmarcan.

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Las maravillas geológicas del Parque Nacional de Pembrokeshire son, sin duda, el mayor tesoro natural de la zona. Esta reserva litoral encierra un catálogo de acantilados y rocas de caliza en las que la erosión ha tallado arcos y formas sorprendentes. Sus bahías y playas protegidas por estuarios alientan a los aficionados a practicar deportes acuáticos y escalada, así como a los apasionados por la observación de una flora y fauna poco común en el resto del país. Un magnífico colofón a este viaje por el sur de Gales.

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