Recorriendo Antofagasta

Mejor conocida como “La Perla del Norte, Antofagasta data del 1870 cuando el presidente boliviano Melgarejo así decidió apodarla en honor a su antigua estancia Antofagasta de la Sierra. A partir de allí, este enclave netamente minero dio paso a una actividad económico, monetario, financiera, hotelera y turística en franco auge que la transformaron en la quinta ciudad más poblada de Chile, y una de las más visitadas por los turistas pese a estar cerca del desierto.

También en pleno desierto de Atacama se encuentra la simbólica escultura de una mano de once metros de altura, obra del chileno  Irarrázabal, donde los turistas suelen visitar en sus recorridos por desiertos, volcanes y paseos para apreciar la flora y la fauna autóctonas, aptos para resistir la biosfera desértica y hostil. Los visitantes también  pueden encontrar pueblos autóctonos desde el volcán Ollagüe y el desierto de Atacama por el norte hasta el sorprendente Salar de Atacama por el sur. Acompañan este paisaje el recuerdo de sus culturas ancestrales, atacameñas, aimaras y quechuas, que sobrevivieron al altiplano y a las condiciones extremas de su geografía. De esta manera, Antofagasta expone miles de virtudes para apreciar como así también en los alrededores, como Mejillones, Taltal, Isla Santa María, Tocopilla y Paposo.

Por otra parte ofrece extensos kilómetros de playa aptos para surf, buceo, pesca y todo tipos de excursiones náuticas. La escasa o nula humedad del ambiente permiten que el 70% de la capacidad astronómica del mundo se deposite en este punto desértico del norte chileno. Claudio Yáñez, director nacional de turismo, afirmó que a lo largo de los próximos 10 años se invertirán 4.500 millones de dólares en nuevos observatorios de primer nivel como el Observatorio Astronómico de Paranal, operado por el European Southern Observatory y considerado uno de los más grandes del mundo. Paranal, ubicado a 2.640 metros del altura sobre el nivel del mar, permite captar imágenes del Universo nunca antes vistas.
Antofagasta cree en su fórmula del éxito ya que de la mano de la infraestructura, los tours gastronómicos y los múltiples hoteles en Antofagasta llegan alrededor de 1 millón de turistas anuales. La estrategia de marketing y promoción también resultó fundamental para la captación del turismo foráneo ya que se invirtieron cerca de 300 mil dólares en materia de avisos publicitarios, spots y demás herramientas comunicacionales.

También en pleno desierto de Atacama se encuentra la simbólica escultura de una mano de once metros de altura, obra del chileno  Irarrázabal, donde los turistas suelen visitar en sus recorridos por desiertos, volcanes y paseos para apreciar la flora y la fauna autóctonas, aptos para resistir la biosfera desértica y hostil. Los visitantes también  pueden encontrar pueblos autóctonos desde el volcán Ollagüe y el desierto de Atacama por el norte hasta el sorprendente Salar de Atacama por el sur. Acompañan este paisaje el recuerdo de sus culturas ancestrales, atacameñas, aimaras y quechuas, que sobrevivieron al altiplano y a las condiciones extremas de su geografía. De esta manera, Antofagasta expone miles de virtudes para apreciar como así también en los alrededores, como Mejillones, Taltal, Isla Santa María, Tocopilla y Paposo.

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