República Dominicana a tu aire: Más allá del resort en Punta Cana
República Dominicana a tu aire: Más allá del resort en Punta Cana

Confesión rápida: la primera vez que escuchas hablar de Punta Cana, te imaginas la típica postal de revista. Pulserita del todo incluido, hamaca, cocotero y a no pensar en nada durante siete días. Y oye, no hay nada de malo en eso. El cuerpo a veces pide justamente eso.
Pero República Dominicana tiene un problema (uno maravilloso, por cierto): en cuanto pones un pie fuera del hotel, te das cuenta de que la isla se te queda corta si solo la miras desde la piscina.
Esta guía no es el folleto de una agencia de viajes. Es el resumen de lo que de verdad merece la pena ver, comer y pisar cuando aterrices en Quisqueya.
Punta Cana sin filtros (y lo que no te cuentan)
La playa de Bávaro es brutal, no hay otra palabra. La arena no quema, el agua parece una piscina sin olas y las palmeras están puestas ahí como si alguien las hubiera colocado para la foto.
Pero si quieres mi rincón favorito de la zona, coge un transporte y vete a Playa Macao.
Allí cambia la película. Hay olas, ves a los chavales del pueblo con las tablas de surf y el plan es tan simple como pedirte un pescado frito en la misma arena con tostones y una cerveza Presidente. Pídela bien fría (aquí dicen que está «vestida de novia» cuando la botella sale con esa escarcha blanca por fuera).
Si te agobia tanto sol, métete hacia el interior:
Hoyo Azul: Está en Scape Park y es un cenote al pie de un acantilado. El agua es de un azul tan exagerado que parece de mentira.
Ojos Indígenas: Una reserva natural a diez minutos de la playa con lagunas de agua dulce transparentes en mitad del bosque.
Isla Saona: Sí, es la excursión que hace todo el mundo. Pero la parada en la Piscina Natural —un banco de arena en medio del mar donde el agua te llega a la cintura— vale cada céntimo.
Dos escapadas que le dan mil vueltas al viaje
Si te animas a alquilar un coche o pillar un circuito de un par de días, apunta estos dos destinos. Cambian completamente el chip.
1. Santo Domingo
Está a poco más de dos horas de Punta Cana. Su Zona Colonial es el lugar donde empezó todo en América. Calles de piedra del siglo XVI, la primera catedral del continente, casas viejas con patios llenos de plantas… Se respira una vibra totalmente distinta.
Antes de irte de la ciudad, pásate por el Parque de Los Tres Ojos. Son unas cuevas subterráneas con varios lagos iluminados por tragaluces naturales en la roca. Una locura visual.
2. La Península de Samaná
Para mí, lo más salvaje del país. Imagínate montañas enteras cubiertas de cocoteros que caen de golpe al mar.
Si vas entre enero y marzo, en la bahía puedes ver ballenas jorobadas nadando a pocos metros de tu barca. Si vas el resto del año, acércate al
