Jodhpur tierra de los artesanos

Si todo resulta similar a primera vista es sólo porque es demasiado diferente a lo conocido.

Cuando un viajero se detiene en una calle céntrica de Jodhpur, con animales, comercios, bicicletas y más comercios, seguramente tarde en distinguir las particularidades de esta ciudad, que es la segunda más poblada de Rajastán, con 900.000 habitantes. Pero cuando se ubique en el fuerte de Mehrangarh, a 125 metros de altura, no dudará un instante: al pie de la gran piedra descubrirá un barrio inmenso pintado de azul, que lo ubicará de inmediato. Y a lo lejos sólo verá desierto.

Considerada la puerta al desierto de Thar, la ciudad mantiene en sus viviendas azules un símbolo de identidad, aunque las razones de ese color son muchas. Las primeras casas fueron pintadas así por sus dueños brahmanes, de la casta más alta, mayormente sacerdotes que las coloreaban para homenajear al dios Shiva, de cuerpo azul, pero sobre todo para indicarle a los habitantes de castas más bajas que no podían acercarse. Ahora cualquiera puede pintarlas de azul, aunque no por eso el tema de las castas ha quedado en el pasado. Otras razones del azul son mantener las casas frescas y, dicen, repeler a los mosquitos.

La temperatura es extrema en esta zona del estado de Rajastán. En verano suele superar los 50°C, aunque lo normal durante el día son apenas 45°C. El clima, claro, determina también las actividades. Durante ocho meses, la mayoría de los hombres y mujeres permanece el mayor tiempo posible en sus casas, trabajando en artesanía. Esta es la industria principal de la ciudad.

La ciudad y los pueblos de la región tienen agua potable desde que se terminó el canal Indira Gandhi, pero la gente no vive de la agricultura porque no alcanza para tanto. Sin embargo, es una ciudad bastante rica, por ser uno de los principales mercados del país, también en textiles. Los habitantes trabajan durante ocho meses, los de calor y lluvias. La materia prima llega desde otras regiones.

En madera se fabrican muebles y figuras talladas. Se usan también huesos de camello y luego laca y esmalte para pintar. La mayor parte de la producción se exporta. Se dice que la ciudad es única en tener un puerto seco , de donde parten unos 80 contenedores por día, en tren o camiones a Bombay o Caulcuta, y desde ahí, al mundo.

También es la zona más famosa de tejidos tradicionales. Se trabaja a mano, por eso muchos diseñadores y modistos vienen para encargar la producción de diseños exclusivos. Cuentan que las telas se exportan adentro de los muebles. Ya no hay tanta circulación ilegal de opio, aunque muchos campesinos tienen licencia para cultivar con fines medicinales.

Otra industria importante es la de piedra arenisca, material de construcción de la gran mayoría de las casas que también diferencia a la ciudad de las otras. Y la tercera industria es el turismo.

Vivir de la herencia

Rajastán tiene monumentos para recorrer durante semanas. El estado de conservación es muy bueno, a pesar de su pasado de cientos de años, ya que la mayor parte de los edificios comenzó a abrir sus puertas a fines de la década del 70, cuando el gobierno de Indira Gandhi los confiscó.

Algunos marajás pelearon con los ingleses, pero la mayoría logró acuerdos enseguida, incluso mantuvo su poder después de la independencia. Por eso el fuerte de Mehrangarh es de una fundación que crearon, gracias a su influencia, para que no lo estaticen.

Repleto de patios y fachadas con celosías, en sus salones se puede conocer también el pasado oficial de los elefantes de la región, cuando eran utilizados como principal medio de transporte. También de los palanquines, usados para llevar a personas importantes. En el interior del fuerte hay dos salas dedicadas a estos asientos, que en la mayoría de los casos tenía una vara de cada lado y eran llevados por un mínimo de cuatros personas.

El museo cuenta con algunos de los más curiosos de estos objetos de transporte, que hoy se utilizan sólo en forma simbólica, para llevar a las novias desde la puerta de la casa hasta al auto, y del auto a la fiesta.

En general, los palanquines se utilizaban abiertos para los hombres y cubiertos para las mujeres. En la región hay aún familias enteras que se han dedicado siempre a la tarea de cargarlos. Hay modelos que se usaban dentro de la fortaleza y otros muy especiales para trasladar a las novias hasta el pueblo de su marido, al que aún no conocían.

La tradición de las bodas arregladas se mantiene en casi todo el país, sobre todo en las zonas rurales, ya que en las grandes ciudades muchos jóvenes eligen el sistema del amor, según definen a la posibilidad de casarse con alguien que conocen por su cuenta y eligen para pasar su vida.

Desde el fuerte se ve el otro gran edificio, Jaswant Thada, con un crematorio y tumbas reales. Lo llaman el pequeño Taj a la inversa, porque fue construido por la viuda de un marajá para su esposo. La historia del Taj Majal es similar; lo mandó a construir un rey para su amada cuando falleció. Para ambos se utilizó el mismo mármol blanco.
Pushkar, entre camellos y aguas sagradas

Enclavado en el desierto de Thar, entre colinas rocosas y atardeceres furiosos, está Pushkar, pequeña ciudad de 13.000 habitantes que por estos días se ve desbordada de comerciantes, caravanas de camellos, devotos hindúes y turistas por igual.

Son nada menos que 300.000 las personas que invaden este valle somnoliento para participar de la gigantesca feria de camellos, una espectacular mezcla de negocios, música y colores que coincide con el Kartik Purnima o luna llena.

Pero la fama de Pushkar trasciende sus ferias y camellos. Pushkar es, ante todo, un lugar sagrado, de esos que todo devoto hindú tiene que visitar alguna vez en su vida. Cuenta la leyenda que el dios Brahma dejó caer una flor de loto y de ella brotó el lago sagrado de la ciudad, un lago en el que los hombres hacen sus abluciones y presentan sus ofrendas durante todo el año (ojo que a veces, cuando llueve poco, el lago tiende a secarse).

Ni lerdos ni perezosos en cuanto a materia económica se refiere (o más bien en cuanto a una forma rápida y fácil de hacer unas rupias), los supuestos sacerdotes insisten al turista para que éste arroje pétalos de flor a las aguas sagradas, mientras ellos recitan unas pujas u oraciones.

La indiscutible belleza de sus paisajes, la espiritualidad que pese a todo todavía subsiste -aquí se encuentra el único templo dedicado a Brahma de India, y atención porque en este territorio no se puede comer carne ni huevos ni tomar alcohol- y su ambiente bohemio y relajado convirtieron a Pushkar en destino predilecto de un creciente número de turistas, sobre todo jóvenes mochileros.

Via | La Nacion.Com

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