Prepara tu escapada a Córdoba

Córdoba es por derecho propio una de las ciudades andaluzas que no puedes dejar de visitar. Por su gastronomía, por las calles de su Judería, por Medina Azahara, por la mezquita-catedral, por su Puente Romano y por tantas otras cosas, si nunca has estado, este es el momento de visitar la ciudad. Y si ya has estado, ¿qué mejor que una nueva escapada para relajarte a orillas del Guadalquivir?

Córdoba fue capital del Califato Omeya, y esa presencia se desprende por todos sus poros. Capital política, cultural y económica, Abderramán III la dirigió su periodo de mayor esplendor. Sin embargo, el monumento más emblemático de la ciudad, la mezquita-catedral, comenzó a construirse antes de su califato de mediados del siglo X.

La visita a la mezquita-catedral es inexcusable: fue la segunda mezquita más grande del mundo, con casi 25.000 metros cuadrados, sólo por detrás de la mezquita de La Meca. Tras la reconquista cristiana fue convertida en catedral, en el año 1.236. La mezquita-catedral fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1984, declaración que fue ampliada a todo el centro histórico de Córdoba diez años después.

La presencia árabe también se mantiene en Medina Azahara, una ciudad palatina cuya construcción fue ordenada por Abderramán III, y que fue en su día símbolo del poder del califato. Desde este año es, como la mezquita-catedral, como el centro histórico y como los patios, Patrimonio de la Humanidad. No hay ciudad que merezca la máxima protección de la UNESCO para cuatro de sus monumentos y esto da una idea del potencial y la importancia histórica que tuvo Córdoba. Hoy es más fácil encontrar el mejor alojamiento en Córdoba capital, lugares desde donde disfrutar de todas estas maravillas.

Si la herencia árabe es imponente, tampoco se queda atrás la romana, con su máxima expresión en el puente que cruza el Guadalquivir, construido en el siglo I y el único que cruzaba el río hasta el siglo XX. El paseo por el Puente Romano a última hora de la tarde es, sencillamente, uno de esos placeres inolvidables. De la presencia del imperio quedan también las columnas corintias del Templo Romano, la mayor parte de cuyos restos se custodian en el Museo Arqueológico y Etnológico. De la época cristiana, tampoco deberías perderte el Alcázar, con sus patios mudéjares.

Una vez visitados sus impresionantes monumentos históricos, Córdoba es una ciudad por la que callejear. No en vano, su judería es un intrincado laberinto de callejones y placitas escondidas. De todas, la Calleja de las Flores es la más conocida y es, en sí misma, un cuadro de colores verdes, rojos y azules sobre fondo de blanco encalado. ¡No olvides la vista a la torre de la Mezquita desde la plaza!

La cuesta del Bailío o el Callejón de las Siete Cabezas son algunas de esas otras calles cordobesas que no debes perderte. Igual que no debes pasar por Córdoba sin visitar la Plaza de las Tendillas y la Plaza de la Corredera. Pero esta ciudad siempre coqueta se viste de gala en mayo, cuando los vecinos se esmeran en hacer de sus patios una experiencia para la vista.

Por último, si cuando termines de este recorrido aprieta el hambre, recuerda que estás en un lugar con gastronomía propia: flamenquines, salmorejo y muchas otras delicias te esperan en alguna de sus tabernas.

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